Los Peldaños de la Discordia

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Esta mañana estaba dándole vueltas con un cliente a la escalera de su futura casa. La escalera no encaja, no hay manera. Entonces nos surgió una pregunta. ¿Qué es una escalera? ¿Para qué sirve? ¿Cómo se utiliza?

Si acudimos al Diccionario de la Real Academia, que es muy socorrido. “Escalera: estructura constituida por una sucesión de escalones que sirve para subir y bajar los pisos de un edificio”. Nada nuevo. ¿Entonces sólo tenemos que conseguir que sea útil?

Para Samozzi la escalera es el corazón del edificio. Lo que lo llena de vida. Y utiliza para definirla palabras como temporalidad, ritmo, pendiente, efecto óptico, sensación… ¡Cuántas cosas puede ser una escalera! En menudo jardín nos estamos metiendo.

Ambos logramos coincidir en que toda escalera es la proposición de un ritmo. Huellas y contrahuellas adaptadas al ritmo de mi cliente. ¿Qué pasa entonces si jugamos a cambiarlo? ¿Puede un arquitecto lograr, por ejemplo, que entren en silencio a tu casa sin un cartel que lo anuncie?

Entonces recordé la escalera de la biblioteca de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Chile. Se nos obliga a caminar muy lento para adecuarnos  al ritmo de los peldaños propuestos. Si no, nos resulta incómoda. Mediante el cambio de ritmo, se modifica una conducta y se construye un ámbito de silencio para el estudio.

Se me ocurrieron muchos otros ejemplos, algunos divertidos como las escaleras de la estación de metro de Odenplan en Estocolmo que premian el ejercicio físico con música de piano a cada paso. Paso, Peso, Ritmo. Arquitectura como máquina de generación de percepciones y experiencias,  en la que entran en juego todos nuestros sentidos.

Espero que mi cliente hoy no lea el Blog, o terminaré construyendo unas escaleras piano. Eso sí, prometo reflexionar más sobre, experiencias, sensaciones y escaleras antes del segundo round. Ya os contaré.

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