El Cliente

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En la Escuela de Arquitectura nos tienen unos cuantos añitos estudiando para después soltarnos al mundo real listos para “construir sueños”. Pero al cliente, ¿quién le prepara? Porque estaremos de acuerdo en que hacerse una casa es una auténtica aventura. Hay que ser conscientes de la responsabilidad que eso conlleva.

La primera condición para que un encargo se transforme primero en un buen proyecto y después en una gran obra, es una buena relación cliente-arquitecto; porque el arquitecto está en manos del cliente. Es una colaboración entre ambos, al 50 por ciento, en la que tiene que existir un grado mutuo de confianza y respeto que haga posible la dignidad del resultado final.

El papel del arquitecto se haya entre engranajes cada vez más complejos y hace depender sulabor de una especial forma de diálogo. Para Stern, “el diálogo entre cliente y arquitecto es tan íntimo como cualquier otra conversación que puedas tener, porque cuando hablas sobre construir una casa, hablas sobre sueños”.

Es mi labor como arquitecto impulsar a mis clientes a comunicar sus deseos o sueños que tienen sobre su nueva casa. No sólo manifestar si necesitan espacio para dos coches, o quieren dos o tres baños. Eso forma parte del programa funcional, pero eso no son sueños. Si bien es cierto que cuesta conseguir esa intimidad casi de psicólogo para que alguien te confíe sus sueños e ilusiones, no hacerlo supone asumir el riesgo de decidir yo. Y yo no debo inventarme su forma de vivir, ni los clientes deben vivir en mis sueños.

El arquitecto debe saber escuchar, ordenar el programa de necesidades y separar lo esencial de lo accesorio. Y preguntar, preguntar mucho; porque proyectar es anticiparse. Y precisamente la magia de proyectar radica en ocupar todas las posiciones, imaginar todas las vidas posibles, soñar con lo que se queda fuera y que esa misma vida se encargará de hacer sin preguntar. Porque proyectar supone también anticiparse a lo imprevisto.

Proyectar es dar respuesta a las situaciones que se sucederán a lo largo de las “vidas” de los espacios que se crean. Todas y cada una de esas situaciones, incluso las más improbables, las hemos de tener en cuenta y todas nuestras acciones deben ser una clara réplica a las mismas. Nada debe quedar al azar, aquí no sirve improvisar.

Cada proyecto para cada cliente nos da diferentes y variadas posibilidades de habitar. En arquitectura no hay reglas fijas. Pero se necesita tiempo. Para que un proyecto se convierta en un auténtico hogar, el principal requisito es que tanto el cliente como el arquitecto tengan tiempo para dedicárselo. Tiempo para aprender a comunicarse. Depende de cómo sea la casa ideal del cliente, podrá habitarla de una forma u otra, por ello es tan importante tomarse muy en serio la idea de proyectar una casa. Para entender este punto es fundamental rescatar las palabras de Heidegger, “no habitamos lo que, primero, hayamos construido sino que, al revés, construimos porque habitamos. Habitar es nuestro modo de ser en tanto humanos, nuestra manera de ser y estar en el mundo. Y construimos en tanto que habitamos”.

Si habéis llegado hasta aquí y queréis saber más de la aventura que supone construir tu propia casa, te animamos a seguirnos en las próximas entradas en las que analizaremos diferentes maneras de habitar, compartiendo los diferentes sueños de nuestros clientes.

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